Hace tiempo vi una serie que me impactó bastante, “Death Note”. En ella Light Yagami, un adolescente japonés se encuentra una libreta en la que solo se puede leer DEATH NOTE. Light descubre que simplemente escribiendo el nombre de una persona, esta muere a los pocos segundos.

               En el progreso de la serie, llega un momento en el que se hace una reflexión sobre un tema muy comprometido: ¿Es lícito matar? Cuando le preguntas esto a cualquier persona, probablemente te responda que rotundamente no, que matar no está bien. Pero en la serie nos hacen ver que esto no es tan cierto. La gente, a través de internet, le han puesto un sobrenombre a Light, Kira, una deformación japonesa del inglés de la palabra Killer. Kira pasó a ser una especie de Dios al que la gente pedía que matara, porque refugiados en el anonimato, sacamos lo peor de nosotros. Pero, ¿y si ahora digo que los anónimos no son los verdugos sino las víctimas? Cada una de esas mujeres que han sido asesinadas, que pasan sin pena ni gloria y aumentan el número de muertes. Cada una de esas mujeres que son violadas, maltratadas, a las que se les mutilan sus genitales. Actualmente van 44 mujeres en lo que va de año. Digo 44 como pude haber dicho 60.  El sentimiento que se genera en nuestro interior es el mismo, nada. Es simplemente un número, un número como los muertos de Siria, un número como el de los ahogados en el Estrecho, un número como el de los que murieron en la Segunda Guerra Mundial; hemos sido capaces de reducir la vida humana a un mero dato estadístico. Porque en nuestro mundo existen Kiras que se creen Dioses con el derecho a matar personas. No solo con el derecho,  sino con el poder de hacerlo, porque por unas razones u otras han conseguido un cuaderno con el que pueden matarlas, maltratarlas, violarlas y humillarlas hasta el punto de que da asco solo oírlo.

Lo siento por el que no haya visto la serie,  pero solo diré que espero que cada uno de los Kiras que existen en nuestro planeta corran la misma suerte que Light.